“YO SOY EL QUE YO SOY”
Este mantra (frase de poder) contiene la esencia de nuestra realidad. Con esta frase reconocemos nuestra naturaleza, nuestra procedencia de la luz, de nuestro Padre eterno, el creador.
Esta frase le fue dicha a Moisés en el Monte Sinaí, cuando le preguntó a Dios su nombre, estando en proceso de dictarle los diez mandamientos. Dios le respondió manifestado en una llama... “YO SOY EL QUE YO SOY”.
Esta frase para los metafísicos en un mantra de altísimo poder, que conduce energéticamente al camino de retorno, aceptando la procedencia divina.
Esta frase puede decirse en cualquier momento del día, pues nos conectará con ese sentimiento y esa realidad.
Nosotros somos semillas de luz que llevamos la sustancia primigenia de la creación en cada átomo de nuestro cuerpo y así como una pequeña semilla es un gran árbol en potencia, así también, el hombre tiene un alto potencial divino, mediante el camino de la perfección. Es un proceso evolutivo que puede ser corto o largo, según nuestra capacidad de aprendizaje, nuestra libre elección y nuestro nivel de conciencia logrado a través de múltiples encarnaciones.
Nuestro deseo de recibir disminuye considerablemente, cuando nuestros valores cambian. Los deseos de logros efímeros y superficiales van siendo desplazados por deseos legítimos de descubrir nuestra verdadera naturaleza. Es parte del proceso de reaprender, de transformar informaciones equivocas que están en nuestra mente por nuevas informaciones que nos hacen sentir nuevas sensaciones de seguridad, alegría y armonía nunca vividas.
Comenzamos a experimentar inquietudes por temas espirituales, metafísicos y religiosos, iniciando una búsqueda de respuestas a profundas interrogantes; indagando en nuestro laberinto interno para encontrarnos con un “Yo” real, que ha estado allí esperando este momento. Ese “YO” es... nuestro “YO SUPERIOR”.
El “YO SUPERIOR” es aquella parte de nosotros que siempre existe y que conectado siempre a la luz de nuestra fuente original, espera la fusión con nosotros, para así brillar en su pleno esplendor ocurriendo la ILUMINACIÓN.
En todas las cosas en las que se quiera alcanzar el éxito, se debe tener disciplina y la espiritualidad no es la excepción. Por lo tanto no se puede pretender hacer una oración, solo un día que recordamos que Dios existe porque tenemos un problema y necesitamos que Él nos lo resuelva, y cuando está resuelto, no volver a orar mas, hasta que vuelva a presentarse otro problema. Es una actitud muy infantil que debemos eliminar rápidamente de nuestra vida.
Cada día es bueno para orar a nuestro creador, incluso, cada instante de nuestra vida es un buen momento para agradecer, alabar y amar a Dios. Él nos ha dotado de todo aquello que tenemos; nos ha dado la vida y cada segundo vivimos esa vida, por la voluntad divina y no la nuestra; y simplemente por tan maravilloso regalo, debemos agradecer a cada instante, su amor y bondad.
Ante todo debemos saber, que todas las herramientas de las que disponemos, es para el uso exclusivo del bien, en armonía, bajo la gracia y de manera perfecta para todos; sin perjudicar a nadie. No podemos pretender que Dios escuche las oraciones de una persona llena de rencor hacia sus semejantes y que espera en su egoísmo que en determinado momento, Dios ignore sus faltas y acceda velozmente a sus peticiones, las cuales tal vez, sean para perjudicar a alguien directa o indirectamente. Esto es simplemente imposible; jamás y nunca, Dios puede acceder hacer daño a persona alguna, porque todos somos su creación, sus hijos y por lo tanto... ¿Qué padre si su hijo le pide pan le daría una piedra?
La oración, como todo lo legitimo en el mundo, debe provenir de nuestra fuente de paz y luz interna; comunicándonos a los planos superiores, donde habitan millares de seres, dispuestos a escucharnos y asistirnos con amor y equilibrio.
“Pedid y se os dará”. Esta frase tiene la síntesis de lo que explico. Si un hijo en su ignorancia, le pide a su padre, algo que puede ocasionarle un daño, el padre aún en su sabiduría limitada y sus errores humanos, se negará, porque ve y conoce al mundo y sus peligros mucho mejor que el inexperto niño; por otro lado, le dejará experimentar por si mismo para que evolucione y se convierta en un ser pleno. Pues Dios, que es toda perfección, hará eso y mucho más por todos nosotros, su creación.
En el proceso de perfeccionamiento, el hombre ha de aprender, que el daño que ocasiona a otros lo hace siempre así mismo, ya que la ley del karma, no descansa en ningún momento, anotando en nuestro libro de vida, cada acción, pensamiento, sentimiento, reacción y omisión de toda situación en nuestra vida.
La oración verdadera es aquella que tiene en su misma esencia, un deseo ferviente de expresar nuestras inquietudes, agradecimientos y alabanzas a Dios y por lo tanto nuestra disposición debe ser sublime, armoniosa y plena de confianza en la providencia (Dios).
Cuando oramos, la oración que parte a los mundos de luz, debe llevar impregnada como un sello postal la certidumbre de la respuesta, saber que abra una reacción a nuestras oraciones. Pero no vamos a decirle a Dios como, cuando y donde ha de manifestarse la respuesta. Después de nuestro decreto, afirmación u oración; debemos relajarnos y confiar plenamente.
No hay limite para nuestra creatividad en todos los géneros. El hombre ha creado cosas maravillosas que han hecho nuestra estadía aquí en la tierra, mas placentera y cómoda; pero lamentablemente, la humanidad también ha hecho de esa creatividad, un arma infame de destrucción hacia todas las maravillas que Dios nos entregó en el principio, con perfección y pureza absoluta.
Podemos entonces comprender, que no son los medios, sino las intenciones de quien utiliza tales medios, lo que al fin de cuentas, nos sumerge o eleva a otros estados de conciencia. Con el hierro se pueden hacer toda clase de armas con las que se puede hacer daño y destruir; como también se pueden hacer bellas esculturas que ensalcen la belleza de la creación; la intención es lo que cuenta.
Disponemos de la visualización para transformar realidades o crearlas, con una intención armónica con luz y amor. Si por ejemplo tenemos un malestar físico, podemos visualizarnos repletos de salud y bienestar.
Recordemos siempre que cada petición, decreto, oración o visualización, deberá ser hecho con la siguiente expresión y sentimiento:
<< DE ACUERDO CON LA VOLUNTAD DE DIOS, EN NOMBRE DE JESUCRISTO; BAJO LA GRACIA Y DE MANERA PERFECTA, DESEO... (decretar o visualizar lo que se desea) GRACIAS PADRE, QUE YA ME HAS ESCUCHADO>>.
Dar gracias antes de ver manifestada la petición es una muestra de fe; esperamos con certeza absoluta, que la providencia está actuando para manifestar en su debido momento y de la forma adecuada, la solicitud que hemos hecho.
La siguiente invocación es muy importante para esta era, ya que pedimos el descenso de la luz a la tierra y la manifestación y cumplimiento del plan divino. Debemos decirla diariamente con fe y amor, independientemente de la religión que se profese; ya que se puede cambiar donde dice cristo, por Buda, Alá u otro nombre que represente para nosotros la divinidad; ya que al fin de cuentas, todas las religiones son caminos que conducen al mismo Dios, todas ellas son bellas y sagradas si se tiene devoción y amor en el corazón.
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